 la riad ou l'accueil de l'autre A nuestras hermanas y hermanos de la familia de la Asunción Nosotros, los 70 religiosos y religiosas que hemos participado en la 3ª RIAD (Encuentro internacional de la Asunción para el diálogo) en Nairobi, del 27 de julio al 6 de agosto, deseamos compartir con el conjunto de hermanas y hermanos de nuestras congregaciones lo más fundamental de cuanto hemos tenido la oportunidad y el privilegio de vivir aquí.
Nuestro encuentro, en efecto, ha sido una primicia en la historia de la Asunción: nunca antes se habían reunido representaciones de toda nuestra familia religiosa (AA, RA, OA, PSA, OrA y también Misioneras de la Asunción) en tierras de África para estudiar su historia, descubrir su presente y prever su futuro. En primer lugar, queremos expresar nuestra gratitud por haber tenido el privilegio de vivir esta experiencia de encuentro internacional, intercongregacional e intercultural, facilitado por la legendaria hospitalidad africana y, sobre todo, por el compromiso de nuestras comunidades de la región. Durante estos días hemos vivido todos, Africanos o no, un verdadero desplazamiento de mentalidades, descubriendo múltiples diferencias entre unos y otros pero reconociéndonos al mismo tiempo como miembros de una misma familia. Ello se ha debido, en buena medida, a la franqueza de nuestros intercambios y también a la intensidad de nuestra oración común. Los frutos de este "estar juntos" in situ nos parecen ya tan ricos que deseamos puedan repetirse ocasiones como ésta, en África y en otros lugares, para el mayor número posible de religiosas y religiosos.

También hemos aprendido mucho juntos. Sobre África, por supuesto: su pasado glorioso pero a menudo doloroso (trata de esclavos, colonialismo...) que pesa aún hoy en la mente de muchos, su extrema diversidad y su complejidad insospechada, pero también su voluntad de caminar hacia adelante. Esta tierra tan sensible a las heridas ha sufrido recientemente algunas que cicatrizan con gran dificultad: nos han conmovido, por ejemplo, los testimonios de nuestras comunidades de Ruanda que trabajan por la reconciliación entre ellas mismas y en la sociedad a su alrededor. También hemos descubierto muchas características específicas de la cultura africana y de su visión del hombre, hombre inserto siempre en una raza, vinculado a los muertos y a los vivos, y donde no se concibe a la persona si no es en comunidad. Así hemos comprendido mejor por qué la Iglesia de todos estos países gusta de definirse como "familia de Dios" donde cada uno puede sentirse en su casa porque está en conexión con los demás. Una Iglesia donde la Asunción ocupa un buen lugar y que sigue respondiendo a las llamadas de los hombres y a las necesidades de las sociedades, caracterizadas por grandes pobrezas junto a una inmensa sed de justicia y de paz. Una Iglesia para la cual ‘diálogo’ es una palabra clave: diálogo entre la fe y la vida, entre los creyentes y el mundo, entre las distintas confesiones cristianas (¡que actualmente proliferan en el continente!) y entre religiones, especialmente con el Islam, este "socio importante y difícil" (véase Lineamenta para el 2e sínodo sobre África, n. 27). No podemos guardar para nosotros solos toda esta riqueza de experiencia y formación adquirida en Nairobi. El espíritu de familia, tan caro a la Asunción, nos impulsa a dar testimonio de lo que hemos recibido, y cuyos frutos estamos sólo empezando a degustar. Por eso, además de renovar nuestro compromiso con el diálogo en nuestros ambientes habituales, y también a nivel ecuménico e interreligioso, deseamos compartir con ustedes nuestro aprecio, aquí reavivado, por la colaboración entre nuestras congregaciones, por la internacionalización de nuestras comunidades (percibida como una diversidad fructífera más que como una dificultad), por gestos concretos de solidaridad entre el Norte y el Sur de nuestro planeta, pero también en el seno de nuestras congregaciones, y por una inculturación –que es preciso continuar– de nuestro carisma en tierras africanas. África y la Asunción y tienen mucho que recibir la una de la otra. ¡Y todos, hermanas y hermanos, tenemos vocación de contribuir a ello! Nairobi (Kenia), 6 de agosto de 2006, fiesta de la Transfiguración del Señor. |