 Consejos Generales Jueves 28 de septiembre 2006 «Vanidad de vanidades,¡todo es vanidad!» nos lanzaba el Eclesiastés en la misa que abría nuestra jornada de trabajo… Una invitación clara a abordar nuestra sesión con modestia y humildad, pero no por ello sin dinamismo ni entusiasmo. Muy pronto, con la presentación de las personas, una reunión de los Consejos Generales de las Congregaciones de la Asunción se torna encuentro de hermanas y hermanos, cada cual con su rostro y su «historia sagrada».
El compartir sobre el funcionamiento de cada uno de nuestros Consejos despliega, a su vez, una perspectiva más interior sobre la vivencia colectiva de nuestras congregaciones. Por encima de métodos de trabajo, se manifiestan alegrías y esperanzas, especialmente allá donde la vida surge con lo imprevisto del Espíritu. Afloran también las dificultades, y hasta los sufrimientos. Compartidos con pudor y discreción, pero con suficiente verdad para que nadie quede insensible, esos sufrimientos suscitan en todos un arranque de oración, y también un interrogante: ¿cómo puede la solidaridad manifestarse concretamente, en la Familia Asunción, para ayudar a superar las pobrezas y las fragilidades de unos y otros? Apertura, disponibilidad, ánimos para atreverse a pedir, son tan vez algunas actitudes al alcance de todos.
Cinco Capítulos generales de las Congregaciones de la Familia son cinco puertas de entrada distintas – y marcadas por el carisma propio de cada una –, cinco puertas de entrada a una misma obra, la del Reino de Dios, con una misma pasión por Dios y por el hombre. Convergencias y hasta similitudes se hacen perceptibles: internacionalidad, relación con los laicos, preocupación por adaptar las estructuras a realidades nuevas, actualización y «encarnación» del carisma, etc.
Al final de esta primera jornada, toma cuerpo una convicción: la Familia está viva, ¡y es hermosa! |