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«En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía» (Hch, 4, 32). El 39º Consejo de Congregación ha escuchado este pasaje de los Hechos durante la primera eucaristía celebrada en la capilla de la Casa Generalicia. Para una congregación agustiniana como la nuestra, esta cita es probablemente un signo estimulante, una incitación a ser fieles a nuestras raíces. Emmanuel Kahindo, asistente general, que presidía la misa, se inspiró naturalmente en ese texto para predicar sobre la necesaria puesta en común de nuestras riquezas y también de nuestras fragilidades… La Asunción tiene una gran ambición que no debe olvidar nunca y, aunque nuestras realizaciones sean modestas, hemos de apuntar alto y lejos. ¡Dios nos sostiene!
Durante la ronda de intercambio que hacemos cada mañana para poder redactar el «hilo rojo» a partir de lo que cada uno ha retenido del día anterior, la liturgia aparece como lo más fuertemente sentido por los participantes. La misa de la mañana, y también el tiempo vespertino de oración animado por Nicolas Tarralle para prepararnos espiritualmente a abordar el tema de «Justicia y Paz», un dossier importante en el programa del Consejo.

Por último, Richard ha comentado que la pizza que compartió con Vincent Kambere, Provincial de África, era excelente. Esto está lejos de las consideraciones espirituales; pero como el Padre General dedicará la mayoría de las noches a charlar, uno tras otro, con los Provinciales en torno a una pizza, ¡tanto mejor si es buena! |