« Entre las gracias que plugo a Dios concederme, coloco entre las más preciosas, la de haber estado en relación con tres hombres fuera de serie: el venerable Juan Maria Vianney, cura de Ars; Don Juan Bosco y el Padre Manuel d’Alzon.
Relaciono estas tres figuras contemporáneas para compararlas. Estos tres sacerdotes trabajaron por el mismo objetivo, de modo diferente, en diversos campos de la Iglesia de Jesucristo. No intentaron encontrarse en la tierra; cada cual realizó valientemente su obra; cayó luego en el surco en el momento señalado por el Dueño, que los reúne ahora en el reposo eterno.
El Cura de Ars, modelo de humildad, nunca abandonó su modesta
parroquia; Don Bosco, ejemplo de dulzura, pasó su vida rodeado de
niños; el Padre d’Alzon, cuyo temperamento lo constituía la audacia
por el bien, lo ha osado todo, lo ha abrazado todo, ha lanzado hacia
Oriente y hacia Occidente las aguerridas legiones de sus hijos.
Las multitudes han corrido a Ars para arracimarse en torno al humilde
Juan Vianney; Don Bosco ha recorrido las ciudades y los campos para
recoger a los niños y salvarlos; Manuel d’Alzon, con una fuerza y una
actividad increíbles, ha extendido las olas de su caridad por los
colegios, los alumnados y las misiones lejanas.
Estos hombres han dejado tras de sí huellas profundas e imborrables.
Son sin duda, y no los únicos, productos del siglo XIX, cuyos nombres
venerados atravesarán gloriosamente de generación en generación. He
querido reunir a estas tres hermosas personalidades que me ha sido dado
estudiar de cerca, para compararlas y llegar a la conclusión de que,
aunque diferentes en su expresión, nos presentan cada cual a su manera
los rasgos singulares de lo que forma a un hombre, a un sacerdote, a un
santo.»
In Anécdotas del Padre d’Alzon, H.D Galeran, Maison Bonne Presse,
Paris, 1924, traducción P. Tomás González, Casa Generalicia, Roma,
2002. p. 119.
Sin olvidar a nuestros tres Beatos Mártires Búlgaros, los Padres Kamen
Vitchev (1893-1952), Pavel Djidjov (1919-1952) y Josaphat Chichkov
(1894-1952).