Las etapas de la formación

Primeros contactos

Se han tomado muchos caminos; no hay más que preguntar a los jóvenes religiosos de hoy. El camino preferido es el encuentro con un religioso asuncionista. Las oportunidades no faltan: parroquias, capellanías, peregrinaciones, o incluso más concretamente: uno o dos años pasados en una de nuestras residencias de estudiantes, en una de nuestras comunidades de acogida, o como voluntario internacional. Los vínculos pueden forjarse de otras maneras: a través de Internet, de nuestros medios de comunicación, de la lectura…

El proceso consta de una serie de etapas bien estructuradas. Sin embargo, los itinerarios se adaptan a la situación de cada persona. En la primera etapa, el joven se convierte en «candidato», a menudo viviendo en una comunidad asuncionista durante un tiempo, generalmente mientras prosigue sus estudios o su trabajo. Durante este periodo, que es bastante flexible, los candidatos pueden expresar el deseo de descubrir la congregación con mayor profundidad. Es lo que se llama el «postulantado«.

El postulantado

Este tiempo está «centrado en el discernimiento de las motivaciones y actitudes que están en el origen del deseo de vida religiosa». El joven vive en una comunidad designada, puede estar continuando sus estudios o su trabajo profesional o, según el país, puede estar siguiendo ya un año específico de formación. El objetivo es profundizar en el conocimiento de sí mismo, verificar «la solidez del propio deseo de seguir a Cristo, pero también verificar la propia capacidad para vivir en comunidad y el propio deseo de vida apostólica».

La duración de este periodo puede variar de un candidato a otro, en función de las circunstancias y de la madurez de la trayectoria del candidato, generalmente 1 ó 2 años.

El noviciado

La duración mínima del noviciado -un año- está fijada por el Derecho Canónico. Es un tiempo de experiencia espiritual, de discernimiento de la vocación, de confirmación de la llamada recibida, pero también de conocimiento del fundador, de la historia de la congregación, de la vida religiosa a lo largo de los siglos, de su espiritualidad, de su carisma, de sus fuentes, de san Agustín, de la regla de vida, de los grandes textos del Magisterio, con la práctica diaria de la oración litúrgica de la Iglesia. En esta etapa, el diálogo regular y leal con el maestro de novicios es fundamental e indispensable. Es al final de este proceso cuando el novicio puede pedir ser admitido a la primera profesión.

La congregación forma de 40 a 50 novicios cada año en 8 noviciados: Saint-Lambert-des Bois (FR); Ba Ria (VN); Sokodé (TG); Butembo (RDC); Arusha (TZ); Pinhal (BR); Tuléar (MD); Manille (PH).

Formación teológica

La formación se imparte generalmente en una universidad católica o en un seminario. Los jóvenes religiosos viven en comunidad y participan en la vida y las decisiones de la comunidad. Renuevan sus votos cada año (mínimo 3 años, máximo 6 años), hasta que emiten los votos perpetuos.

Los años de postnoviciado no se limitan a la formación académica. Es un tiempo para echar raíces y construir sobre lo adquirido, un tiempo para aprender fidelidad, resistencia y paciencia. También es un tiempo en el que el hermano profundiza en el espíritu y la vocación de la comunidad apostólica y un tiempo de preparación para su futura misión.

En concreto, este periodo suele estar marcado por una exigente formación filosófica y teológica; algunos están llamados a continuar sus estudios hasta el nivel de doctorado.

Al final de los votos temporales

Con el acuerdo de sus formadores, el religioso redacta una solicitud y una larga evaluación personal, un texto de agradecimiento por todo lo vivido, sin eludir los interrogantes que quedan. Los religiosos con los que ha pasado todos sus años de formación también dan su opinión. El joven religioso puede entonces ser llamado por el Superior General de la Congregación para pronunciar sus votos perpetuos:

¿Y el sacerdocio?

Como Asuncionistas, somos ante todo religiosos, y podemos vivir nuestra vocación de religiosos hermanos a lo largo de toda nuestra vida sin ordenarnos ministros. Los religiosos hermanos pueden ser profesores, educadores, periodistas, ingenieros, economistas, dedicarse al trabajo social, cuidadores, obreros…

Además, para el servicio de la Iglesia y el bien de la congregación, se pide a menudo a los jóvenes asuncionistas que se preparen, si lo desean, a recibir los ordenarnos ministros. Es después de la profesión perpetua cuando un candidato al sacerdocio puede solicitar la ordenación al diaconado y al presbiterado. Un año diaconal les permite dar sus primeros pasos en el servicio y el ministerio ordenados.

Formación continua

Es evidente que la formación no se detiene ahí. Los religiosos deben cultivar su mente, su corazón y su inteligencia a lo largo de toda su vida, en particular mediante un cierto número de sesiones ofrecidas a lo largo de la vida religiosa…

La congregación forma actualmente a más de 400 jóvenes religiosos en 33 países… Del postulantado a los primeros años de sacerdocio…

Para nosotros, la formación es una misión esencial en un mundo que necesita personas para el diálogo. Y esto requiere una formación de calidad: humana, espiritual, intelectual y pastoral.