Feliz fiesta de San Agustín

Queridos hermanos y hermanas,

Dentro de apenas unos días comenzará el año comunitario y pastoral en muchas de nuestras comunidades. A lo largo del año que ahora termina, hemos vivido numerosas celebraciones: ordenaciones, votos, aniversarios, etc. Pero también hemos acompañado con gran dolor a quienes nos han precedido en la casa del Padre. Todas estas celebraciones las hemos vivido en la fe. 

En esta fiesta de san Agustín, deseamos renovar esa fe y esa esperanza, sobre todo ahora que iniciamos un nuevo año comunitario. Algunos cambiarán de comunidad, otros asumirán nuevas responsabilidades y otros seguirán con lo que venían haciendo hasta ahora. A pesar de estos cambios de lugar o de función, hay algo que permanece inquebrantable: el Señor que nos ha llamado sigue confiando en nosotros. A pesar de nuestras limitaciones y nuestros errores, el Señor sigue ofreciéndonos nuevas oportunidades para descubrirlo, amarlo y servirlo. Alabado sea su nombre.

¿Por qué no comenzar este año comunitario y pastoral con esta confesión? «Eres grande, Señor, y muy digno de alabanza», siguiendo el ejemplo de nuestro patriarca san Agustín. La pequeñez humana ante la grandeza de Dios podría provocar miedo y huida. Pero este Dios nos ha revelado hasta qué punto su grandeza reside en su amor y su bondad hacia nosotros. Quienes han experimentado ese amor y esa bondad son los que, como san Agustín, exclaman: «Eres grande, Señor, y muy digno de alabanza». ¿Por qué no lo harías tú también?

Aceptar nuestra pequeñez parece, a primera vista, suponer nuestro acto de exclusión en una sociedad que ha convertido la carrera por la «grandeza» en uno de sus juegos más preciados. Sin embargo, la experiencia nos revela todo lo contrario. Por eso san Agustín nos dice que la humildad, lejos de ser una renuncia a la grandeza, es más bien el fundamento sobre el que se construye la verdadera grandeza. Esta humildad es la que permite «dejar que Dios sea Dios». No cabe duda de que Dios «exalta a los humildes». Por eso el Padre d’Alzon decía que la humildad es la virtud más indispensable para todo religioso asuncionista.

Queridos hermanos y hermanas, no voy a convertir un mensaje de felicitación en una catequesis. Pero no quería dejar pasar esta ocasión de compartir con vosotros una de mis convicciones más profundas como cristiano y religioso asuncionista. Que este comienzo de año comunitario o pastoral sea una ocasión para redescubrir la grandeza de la pequeñez. Y que esto nos lleve algún día a hacer esta confesión: «Eres grande, Señor, y digno de alabanza». 

P. Ngoa Ya Tshihemba, a.a.
Superior General